Mantenernos en lo que somos: la Espiritualidad Imprimir E-mail

Y, ¿quiénes somos? Como organización, sabemos que hemos surgido de profundos impulsos apostólicos de los primeros congregantes marianos quienes, movidos por su adhesión a Jesucristo y amparados por nuestra Señora, la Virgen María, decidieron fundar una Congregación Mariana que no estuviera circunscrita al Colegio de San Ignacio, para poder continuar con una labor social comprometida con los más pobres de nuestra sociedad, la cual ha llegado a concretarse en la Fundación Organización VID.

Por tanto, somos un grupo de colaboradores que, si bien no necesariamente todos hemos tenido ese mismo origen, ni las mismas motivaciones de tipo religioso, estamos ahora comprometidos en un servicio compasivo de calidad, realizándolo con gran dedicación, y orientándolo al beneficio de cada una de las personas que acuden a nosotros. Una auténtica motivación de fe o religiosa cristiana siempre nos conduce a ayudar a otros a tener un mejor ser y un mejor estar en el aspecto de la vida que cada una de nuestras obras atiende. El punto en donde todos nos encontramos, es, pues, la construcción de mejores seres humanos en una sociedad que queremos sea justa y solidaria. La persona humana es la que nos mueve a todos. La persona es el gran valor, incluso para Dios. Tanto, que Dios Padre nos entregó a su Hijo para que, dándose a sí mismo hasta el final, nos indicara el camino de la verdadera vida.

Mantener el sentido de nuestra colaboración con esta misión común de fortalecer la humanidad de todos los que vienen a nosotros y de aquellos con quienes trabajamos es lo que podemos llamar espiritualidad. Según esto, la espiritualidad no consiste solamente en tener una serie de prácticas más o menos piadosas, sino, sobre todo, en asumir la totalidad de nuestra vida - personal, familiar, laboral, de negocios, las relaciones, etc. - teniendo siempre presente para qué es nuestra existencia: para servir y colaborar en la construcción de mejores personas integrales. Para quienes profesamos la fe cristiana, la manera de realizar nuestra existencia con sentido auténtico, es vivirla al estilo de Jesús quien, resucitado, es decir, vivo en y a través de cada uno de nosotros, sigue realizando su misión contando con nuestro aporte singular.

¿Cómo saber si estamos más o menos alineados con Jesús en toda nuestra vida? En otras palabras, ¿Cómo vivir la espiritualidad? Si esta es algo que no es de ciertos momentos, sino algo permanente y que toca toda nuestra vida, es necesario desarrollar una especie de instinto interior que nos permita darnos cuenta cada vez con mayor espontaneidad, qué es lo que Dios hace con   nosotros cada momento, es decir, desarrollar un contacto con Dios o familiaridad con él que se vaya haciendo cada vez más frecuente. El criterio para saber si el contacto está siendo verdadero es el amor: la entrega espontánea al servicio del otro. Esto es lo que Dios hace en nosotros.

Para ello es muy útil hacer dos cosas. La primera, es dedicar todos los días unos minutos, 10 o 15 o más según las posibilidades de cada uno, preferiblemente al inicio del día, a tomar conciencia de ese Dios vivo, presente y actuante en mí. Esto se puede hacer simplemente quedándose en silencio y dejándose abrazar desde dentro por Él. Considerar cómo Dios nuestro Señor me mira, me escucha, me habla. Tomar conciencia de esa presencia. Conectarse con él que ya está conectado con nosotros, pues él ya nos ha encontrado. Esta es lo que llamamos oración, en la cual  nos ponemos a su disposición y colocamos en sus manos nuestra vida, hablando como un amigo habla con otro amigo.

Un segundo ejercicio diario es, al final del día, dedicar ese otro tiempo a dejar pasar el día vivido como una película y registrar en mi conciencia los sentimientos e impulsos que tuve durante el día, teniendo presente los acontecimientos que viví, las personas con quienes me encontré, lo que realicé, lo que me sucedió. Allí Dios me siguió creando como ser humano. Pero también le pude haber puesto o    bstáculos. Basta tomar conciencia, registrarlo conscientemente, dar gracias por los bienes recibidos y pedir la gracia de superar los impedimentos que puse pidiendo perdón.

Dos breves momentos del día, realizados con plena conciencia y total confianza nos van conduciendo, poco a poco, a vivir toda la vida de esa misma forma: conscientemente y confiadamente, en una familiaridad espontánea con Dios, quien nunca se va de nuestras vidas. Para esto es la espiritualidad: para mantenernos en lo que somos, es decir, encarnación de Dios, presencia viva de Jesús Resucitado para todos los que se nos acerquen en cada una de las obras de la Organización. Así cuidaremos continuamente la fuente de nuestra identidad y creceremos en coherencia.
 
José Roberto Arango Londoño, SJ.
Director General
Congregación Mariana


 
 

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